
Primera entrega apocalíptica para Pussy Malanga, enjoy!
El fin del mundo (Primera parte).
“No hay paraíso hasta que se ha perdido”.
Marcel Proust.Los libros desaparecieron el 09 de noviembre. Demetrio, el viejo guarda de la biblioteca que cumplía el turno de la mañana desde hace treinta y dos años, llegó a la oficina de seguridad ese día a las 5:50, como era costumbre, marcó su tarjeta del horario, se sirvió un café con leche recién colado, y acercó el vaso a su nariz, olfateando la mañana; luego se dirigió sin prisa a la casilla de vigilancia, allí sobre el escritorio se encontraba boca abajo y con los brazos abiertos el guarda nocturno, quién se había rendido ante el silencio y la noche. Demetrio colocó la taza de café sobre el archivador, se acercó lentamente al guarda, mucho más joven que él, y sopló en su oreja, el muchacho se levantó estrepitosamente, moviendo sus brazos como un naufrago que divisa su salvación en el horizonte. Demetrio divertido por la somnolencia de su compañero le preguntó, como era reglamentario, si había alguna novedad, el joven se frotó los ojos, se levantó de la silla haciendo un gran esfuerzo y mientras se dirigía a la puerta balbuceó “los libros siguen en las estanterías, como todos los días”.
Demetrio le dio un sorbo prolongado a su café y se instaló en el escritorio, abrió la gaveta central para buscar una desgastada y amarillenta edición de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson que había tomado prestada de la cuantiosa biblioteca, y había interrumpido el día anterior en la página 82, capítulo 14, titulado El primer revés, justo cuando John Silver con su muleta daba muerte a Tom; introdujo su mano en la gaveta y encontró algunos lápices mordidos, una regla, una vieja estilográfica Sheaffer con su respectivo tintero, un borrador, y un portaminas, pero no consiguió el ejemplar que había dejado a medias debido al relevo de turno, supuso entonces que el guarda de la noche, el joven, lo había devuelto a su lugar en la estantería, en el tramo correspondiente a la letra S, dentro de la literatura europea; el viejo dio un sorbo pequeño a su taza de café y se dirigió hacia la sala central de la biblioteca. Cada paso de Demetrio rechinaba en el piso de granito pulido, el eco de dicho rechinar formaba algo parecido a un coro de lamentaciones que se extendía por toda la biblioteca, e interrumpía el silencio de los libros cerrados. Cuando el viejo guarda llegó al umbral de la sala central dejó caer su taza de café que se hizo pedazos, esparciendo el líquido marrón claro sobre el piso, y cuyo ruido hizo las veces del grito que no pudo emitir Demetrio al ver que en las estanterías de la biblioteca no quedaba ni un solo libro.
Así llegó el silencio, y luego el olvido. Esa mañana los medios de comunicación anunciaron ante una audiencia asombrada por una parte, e incrédula por otra, cómo todas, absolutamente todas las bibliotecas del mundo se habían quedado sin un solo libro, las estanterías sin excepción alguna, ya fuesen de madera o metal, y que hasta el día anterior habían albergado desde los escritores más prominentes hasta los más complacientes, el 09 de noviembre sólo albergaban ausencias. Fue entonces como desde la Biblioteca Nacional de Viena, la Biblioteca Marciana de Venecia, el Real Gabinete Portugués de Lectura en Sao Paulo, la Biblioteca de La Soborna en París, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, el Salón de lectura del Museo Británico, la Biblioteca Palafoxiana de Puebla México, hasta otras más pequeñas pertenecientes a universidades, escuelas, y colecciones personales habían amanecido deshabitadas, los textos que habían reposado en mesitas de noche, maletines, escritorios, los que habían sido olvidados bajo las camas, e incluso alacenas, sin importar su tamaño o temática, al parecer, habían llegado literalmente a su fin.
Solamente en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua Española se encontró un ejemplar, una pequeña pero valiosa evidencia de la extraña desaparición, una particular edición tapa dura de color rojo de las Obras completas (y otros cuentos), escritos por el guatemalteco Augusto Monterroso en 1959, primera edición, a la cual parecía le hubiesen arrancado todas sus hojas, excepto una, la página 71, que contenía el cuento más corto jamás escrito, titulado El Dinosaurio, y que se limitaba de forma magistral a:“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Continuará…
Por Israel Rojas.

Come Armageddon come! The end is here!
The end of the world (First Part).
“The only paradise is paradise lost”.
Marcel Proust.Books disappeared on the 9th of November. Demetrio, the old guard from the library that had been doing the morning shift for thirty two years, arrived at the office that day at 5:50 as usual, marked his time card, poured freshly brewed coffee with milk in a cup and pulled it towards his nose, sniffing the morning air. Then, he walked without any hurry to the surveillance office and there, with his head down and his arms opened wide, was the night guard who had surrendered to the silence and the night. Demetrio put his cup of coffee over the file cabinet, leaned closely to the guard, who was much younger than him, and blew into his ear. The young man got up loudly, moving his arms like a castaway seeing his salvation over the horizon. Demetrio, amused by the drowsiness of his partner, asked him, like it was mandatory, if there was any novelty. The young man rubbed his eyes, got up from the chair with a strong effort and mumbled as he walked to the door: “The books are still in the shelves, just like everyday”.
Demetrio took a long sip from his cup and accommodated himself in his desk. He opened the central drawer to look for a worn out edition of “Treasure island” by Robert Louis Stevenson that he had borrowed from the substantial library and that he had interrupted the day before in page 82, chapter 14, entitled “The first setback”, just when John Silver put Tom to death with his crutch. The guard introduced his hand in the drawer and found some bitten pencils, a ruler, an old Sheaffer fountain pen with its own ink, an eraser and a mechanical pencil, but he didn’t find the copy of the book he had left off due to a change of shift. He then assumed that the night guard, the young man, had returned it to its place in the shelf, in the section corresponding to the letter S, inside European literature. The old man took a small sip from his cup of coffee and walked towards the central hall of the library. Each of Demetrio’s steps creaked in the polished granite floor and the eco formed a somewhat choir of wailing that extended throughout the whole library and interrupted the silence of the closed books. When the old guard arrived at the threshold of the central hall, he dropped his cup of coffee and it shattered, spreading the brown liquid over the floor and the noise served as the cry that Demetrio failed to deliver when he saw that there wasn’t a single book in the shelves.
And then came silence and oblivion. That morning the media announced before a stunned audience on one side and unbelieving on the other, how every, absolutely every library in the world was without a single book. All the shelves without any exception made of wood or steel, which had hold from the most prominent writers to the most pleasant ones, only held absences on the 9th of November. That was how from the Vienna National Library, the National Library of St. Mark’s, the Neo-Manueline Real Gabinete Portuguey de Leitura in Rio de Janeiro, the Sorbonne Library, the Library of Congress in the United States, the British Museum Reading Room, the Palafoxiana Library in Puebla Mexico, to smaller ones that belonged to universities, schools, and personal collections had dawned uninhabited. Texts that had rested on night stands, suitcases, desks; the ones that had been forgotten under beds, and even cupboards, regardless of their size or theme, had literally come to an end.It was only in the Royal Spanish Academy’s library where a copy was found. A small but valuable evidence of the strange disappearance: a particular hardback red edition of the “Complete works and other stories”, a first edition, by the Guatemalan Augusto Monterroso in 1959, which appeared to have a few pages torn out, except one, page 71, that had the shortest story ever written, entitled “The Dinosaur” which limited masterfully to:
“On waking, the dinosaur was still there”.
To be continued…
By Israel Rojas.

EL FIN DEL MUNDO es un cuento que escribí para el magazine web Pussy Malanga. El 21 de diciembre (por obvias razones) publicamos su segunda parte, la primera la pueden leer AQUÍ.
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El fin del mundo (Segunda parte).
El día que desaparecieron todos los libros excepto uno, se organizaron con carácter de emergencia, grupos de búsqueda autorizados para revisar cualquier lugar donde se sospechara podrían encontrarse los añorados textos. Se habló de grupos desestabilizadores, de estudiantes bromistas, sindicatos de bibliotecarios resentidos por sueldos precarios y jubilaciones retrasadas, e incluso, al final de la tarde se recurrió a la medieval, pero siempre dispuesta, teoría de la brujería.
Al día siguiente, a primerísimas horas de la mañana, se promulgó la ordenanza ESTILO (Edición suplementaria de textos icónicos y libros obligatorios) la cual decretaba a las compañías editoras e imprentas alrededor del mundo la reedición inmediata de aquellos escritos considerados necesarios y elementales para la educación y cultura de cada país. Se elaboró un listado por orden de importancia que daba prioridad a los siguientes textos:
1- Diccionarios y enciclopedias.2- Textos médicos.
3- Textos históricos.
4- Textos religiosos.
5- Literatura griega antigua.
Así bien, al tercer día se reeditaron los primeros ejemplares de los libros considerados primordiales para la humanidad, y se procedió a suplir las bibliotecas ahora infectadas por el vacío, al llegar la noche los medios anunciaron la exitosa labor de rehabilitación bibliotecaria, y el acto de reinauguración que se llevaría a cabo al día siguiente en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua Española a las diez de la mañana, entrada libre, presidido por su presidente Dani Trío, quien daría unas palabras e instaría a retomar el clásico hábito de la lectura. Al día siguiente, medios de comunicación, literatos y curiosos colmaron los espacios de la biblioteca, el acto empezó a las 10:21 con las palabras de agradecimiento por parte del licenciado Trío a todos los participantes en el proceso de reimpresión y reactivación de las bibliotecas, y sin mucho preámbulo procedió a tomar un tomo del Popol Vuh, en el cual tenía estipulado leer un fragmento de la tercera parte donde se narra la confusión del lenguaje de las tribus, provocando así su dispersión, hoja señalada con una cinta roja a manera de marcador. Dani Trío miró fijamente la página 138, luego levantó la mirada y observó a todos los asistentes, quienes horrorizados dejaban escapar gemidos de asombro ante sus manos que mostraban las hojas completamente en blanco del libro.
Al quinto día, ante la confusión mundial, se ordenó una segunda impresión de los libros y su disposición en las bibliotecas, pero esta vez serían estrictamente vigiladas durante la noche para determinar qué extraño factor influía en la desaparición del signo lingüístico, así pues, se le ordenó a los encargados de seguridad relevarse cada hora, con su respectiva verificación del estado de los libros e informe de la misma, pero fue en vano, esa noche una epidemia de sueño embriagó a los vigilantes, quienes cayeron ante un sopor profundo, y no despertaron sino hasta la mañana siguiente. Un fenómeno sin explicación, un hecho terrorífico, una irregularidad sospechosa, lo que era un mal augurio para unos, era una provocación o ataque terrorista para otros, lo cierto era que la literatura parecía empeñada en desaparecer.
Al sexto día fue la prensa, las máquinas impresoras del periódico invertían las letras en sus textos, tirajes y tirajes de prensa fueron malgastados y arrojados a la basura, al presentar titulares que anunciaban algo parecido a “EXRATAÑ PARIDEOCISN ED IBORSL”. Pasaron los días y la resignación ante la desaparición de la palabra escrita se empezaba a asentar en el colectivo, algunas imprentas más optimistas que otras reimprimieron una y otra vez los añorados libros, incluso se manuscribieron, pero era inútil, durante la noche su contenido desaparecía, una empresa organizó grupos de lectura nocturnos para determinar qué factor influía en la supresión de los textos, sólo para encontrar que durante la noche todos los lectores caían rendidos en un sueño profundo, y a la mañana siguiente los libros sólo narraban vacíos.
Se acordó entonces una sencilla solución, si no se podían preservar los libros en físico, se preservarían a través de lo que estaban hechos, la palabra. Se procedió a reclutar un ejército de escritores, historiadores y aficionados a la lectura para su uso como rapsodas, de manera que, como en la antigua Grecia, narraran verbalmente las historias anteriormente contenida en los libros, o bien, fuesen utilizados como agentes de consulta gramátical o histórica. La idea funcionó bien, los recitadores contaban con buena demanda y los ciudadanos parecían verse atraídos nuevamente al sano hábito de la lectura, ahora hábito de la escucha. Pero un día Enrico Visconti, uno de los más célebres rapsodas romanos, se proponía a narrar los cantos pertenecientes al purgatorio de La Divina Comedia de Dante Alighieri en la Casa de las Vestales, ante una multitud ansiosa y hambrienta del poema épico, el elocuente rapsoda se sentó a orillas del estanque, cerró sus ojos y respiró profundo, su boca se abrió y arrojó con su tono de voz cálido y sereno el primer terceto del purgatorio:
“Por surcar mejor agua alza las velasahora la navecilla de mi ingenio,
que un mar tan cruel detrás de sí abandona”
Víctima del olvido, a Visconti lo invadió el silencio, no recordaba ni una palabra más del poema, nervioso trató de recordar otro canto perteneciente al infierno o al paraíso pero su memoria estaba en blanco, en un blanco aterrador como las páginas de los libros. El ahora fallido rapsoda pidió disculpas y caminó avergonzado entre la multitud, se detuvo frente a una de las estatuas de las vírgenes Vestales, la miró fijamente a los ojos, si se puede llamar ojos a la piedra tallada, y le pareció notar una sonrisa burlona en el rostro pétreo de la vírgen, Visconti comprendió entonces que había sido derrotado por la amnesia.
A partir de ese momento reinó el caos, la epidemia amnésica afectó a todos los rapsodas, quienes tuvieron que ser internados víctimas de la locura, la gente se resignó a prescindir de los libros, tanto hablados como escritos, y con la resignación llegó el olvido, primero fueron las comas, luego los puntos el mundo olvidó la puntuación luego fueron los acentos las notas que se escribian las cartas carecian de ritmo asi la gente olvido hacer cartas ya que resultaba muy confuso leerlas y por lo general despues terminaban con fuertes dolores de cabeza al tratar de descifrar su contenido la gente olvido tambien los numeros llegaban tarde al trabajo y a las citas romanticas puesto que no podian diferenciar entre el cinco y el dos o el seis y el nueve era comun ver entonces personas esperando desconcertadas en los restaurantes y parques puesto que tampoco podian recordar si habian quedado en verse en la calle cincuenta y dos con noventa y seis o en la veinticinco con sesenta y nueve asi llego la epidemia de la soledad puesto que nadie llegaba nunca a las citas la gente empezo a deambular victimas del olvido sentian la necesidad imperiosa de caminar invadidos por la tristeza de pensar que habian sido olvidados nadie quiere ser olvidado como a vanessa lamy que habia quedado en verse con su madre én el restaurante caran dache en la calle cartier de paris y nunca llego miedo escribio una nota y dejo sobre mesa pero como muchas otras notas nunca fue recibida asi gente vagaba por calles sin saber a donde ir sin saber donde provenian el mundo torno silencioso puesto sus habitantes encontraban demasiado desconcertados vagando cuando vanessa releyo nota que habia escrito dio cuenta que letras salian desordenadas aterrorizada leyo que sus manos habian escrito por ultima vez amrde et pesree tsaha als isse ed al ardte unnac em tugso stae ohra opr avfro la nomse ne ñsouesPor: Israel Rojas @apoloscopio


