EL FIN DEL MUNDO es un cuento que escribí para el magazine web Pussy Malanga. El 21 de diciembre (por obvias razones) publicamos su segunda parte, la primera la pueden leer AQUÍ.

Pueden seguir a Pussy Malanga en Facebook y Twitter

pussymalanga:


El fin del mundo (Segunda parte).
El día que desaparecieron todos los libros excepto uno, se organizaron con carácter de emergencia, grupos de búsqueda autorizados para revisar cualquier lugar donde se sospechara podrían encontrarse los añorados textos. Se habló de grupos desestabilizadores, de estudiantes bromistas, sindicatos de bibliotecarios resentidos por sueldos precarios y jubilaciones retrasadas, e incluso, al final de la tarde se recurrió a la medieval, pero siempre dispuesta, teoría de la brujería.
Al día siguiente, a primerísimas horas de la mañana, se promulgó la ordenanza ESTILO (Edición suplementaria de textos icónicos y libros obligatorios) la cual decretaba a las compañías editoras e imprentas alrededor del mundo la reedición inmediata de aquellos escritos considerados necesarios y elementales para la educación y cultura de cada país. Se elaboró un listado por orden de importancia que daba prioridad a los siguientes textos:
1- Diccionarios y enciclopedias.
2- Textos médicos.
3- Textos históricos.
4- Textos religiosos.
5- Literatura griega antigua.
Así bien, al tercer día se reeditaron los primeros ejemplares de los libros considerados primordiales para la humanidad, y se procedió a suplir las bibliotecas ahora infectadas por el vacío, al llegar la noche los medios anunciaron la exitosa labor de rehabilitación bibliotecaria, y el acto de reinauguración que se llevaría a cabo al día siguiente en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua Española a las diez de la mañana, entrada libre, presidido por su presidente Dani Trío, quien daría unas palabras e instaría a  retomar el clásico hábito de la lectura. Al día siguiente, medios de comunicación, literatos y curiosos colmaron los espacios de la biblioteca, el acto empezó a las 10:21 con las palabras de agradecimiento por parte del licenciado Trío a todos los participantes en el proceso de reimpresión y reactivación de las bibliotecas, y sin mucho preámbulo procedió a tomar un tomo del Popol Vuh, en el cual tenía estipulado leer un fragmento de la tercera parte donde se narra la confusión del lenguaje de las tribus, provocando así su dispersión, hoja señalada con una cinta roja a manera de marcador. Dani Trío miró fijamente la página 138, luego levantó la mirada y observó a todos los asistentes, quienes horrorizados dejaban escapar gemidos de asombro ante sus manos que mostraban las hojas completamente en blanco del libro.
Al quinto día, ante la confusión mundial, se ordenó una segunda impresión de los libros y su disposición en las bibliotecas, pero esta vez serían estrictamente vigiladas durante la noche para determinar qué extraño factor influía en la desaparición del signo lingüístico, así pues, se le ordenó a los encargados de seguridad relevarse cada hora, con su respectiva verificación del estado de los libros  e informe de la misma, pero fue en vano, esa noche una epidemia de sueño embriagó a los vigilantes, quienes cayeron ante un sopor profundo, y no despertaron sino hasta la mañana siguiente. Un fenómeno sin explicación, un hecho terrorífico, una irregularidad sospechosa, lo que era un mal augurio para unos, era una provocación o ataque terrorista para otros, lo cierto era que la literatura parecía empeñada en desaparecer.
Al sexto día fue la prensa, las máquinas impresoras del periódico invertían las letras en sus textos, tirajes y tirajes de prensa fueron malgastados y arrojados a la basura, al presentar titulares que anunciaban algo parecido a “EXRATAÑ PARIDEOCISN ED IBORSL”. Pasaron los días y la resignación ante la desaparición de la palabra escrita se empezaba a asentar en el colectivo, algunas imprentas más optimistas que otras reimprimieron una y otra vez los añorados libros, incluso se manuscribieron, pero era inútil, durante la noche su contenido desaparecía, una empresa organizó grupos de lectura nocturnos para determinar qué factor influía en la supresión de los textos, sólo para encontrar que durante la noche todos los lectores caían rendidos en un sueño profundo, y a la mañana siguiente los libros sólo narraban vacíos.
Se acordó entonces una sencilla solución, si no se podían preservar los libros en físico, se preservarían a través de lo que estaban hechos, la palabra. Se procedió a reclutar un ejército de escritores, historiadores y aficionados a la lectura para su uso como rapsodas, de manera que, como en la antigua Grecia, narraran verbalmente las historias anteriormente contenida en los libros, o bien, fuesen utilizados como agentes de consulta gramátical o histórica. La idea funcionó bien, los recitadores contaban con buena demanda y los ciudadanos parecían verse atraídos nuevamente al sano hábito de la lectura, ahora hábito de la escucha. Pero un día Enrico Visconti, uno de los más célebres rapsodas romanos, se proponía a narrar los cantos pertenecientes al purgatorio de La Divina Comedia de Dante Alighieri en la Casa de las Vestales, ante una multitud ansiosa y hambrienta del poema épico, el elocuente rapsoda se sentó a orillas del estanque, cerró sus ojos y respiró profundo, su boca se abrió y arrojó con su tono de voz cálido y sereno el primer terceto del purgatorio:
“Por surcar mejor agua alza las velas
ahora la navecilla de mi ingenio,
que un mar tan cruel detrás de sí abandona”
Víctima del olvido, a Visconti lo invadió el silencio, no recordaba ni una palabra más del poema, nervioso trató de recordar otro canto perteneciente al infierno o al paraíso pero su memoria estaba en blanco, en un blanco aterrador como las páginas de los libros. El ahora fallido rapsoda pidió disculpas y caminó avergonzado entre la multitud, se detuvo frente a una de las estatuas de las vírgenes Vestales, la miró fijamente a los ojos, si se puede llamar ojos a la piedra tallada, y le pareció notar una sonrisa burlona en el rostro pétreo de la vírgen, Visconti comprendió entonces que había sido derrotado por la amnesia.
A partir de ese momento reinó el caos, la epidemia amnésica afectó a todos los rapsodas, quienes tuvieron que ser internados víctimas de la locura, la gente se resignó a prescindir de los libros, tanto hablados como escritos, y con la resignación llegó el olvido, primero fueron las comas, luego los puntos el mundo olvidó la puntuación luego fueron los acentos las notas que se escribian las cartas carecian de ritmo asi la gente olvido hacer cartas ya que resultaba muy confuso leerlas y por lo general despues terminaban con fuertes dolores de cabeza al tratar de descifrar su contenido la gente olvido tambien los numeros llegaban tarde al trabajo y a las citas romanticas puesto que no podian diferenciar entre el cinco y el dos o el seis y el nueve era comun ver entonces personas esperando desconcertadas en los restaurantes y parques puesto que tampoco podian recordar si habian quedado en verse en la calle cincuenta y dos con noventa y seis o en la veinticinco con sesenta y nueve asi llego la epidemia de la soledad puesto que nadie llegaba nunca a las citas la gente empezo a deambular victimas del olvido sentian la necesidad imperiosa de caminar invadidos por la tristeza de pensar que habian sido olvidados nadie quiere ser olvidado como a vanessa lamy que habia quedado en verse con su madre én el restaurante caran dache en la calle cartier de paris y nunca llego miedo escribio una nota y dejo sobre  mesa pero como muchas otras notas nunca fue recibida asi gente vagaba por calles sin saber a donde ir sin saber donde provenian el mundo torno silencioso puesto sus habitantes encontraban demasiado desconcertados vagando cuando vanessa releyo nota que habia escrito dio cuenta que letras salian desordenadas aterrorizada leyo que sus manos habian escrito por ultima vez amrde et pesree tsaha als isse ed al ardte unnac em tugso stae ohra opr avfro la nomse ne ñsoues
Por: Israel Rojas @apoloscopio

EL FIN DEL MUNDO es un cuento que escribí para el magazine web Pussy Malanga. El 21 de diciembre (por obvias razones) publicamos su segunda parte, la primera la pueden leer AQUÍ.

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El fin del mundo (Segunda parte).


El día que desaparecieron todos los libros excepto uno, se organizaron con carácter de emergencia, grupos de búsqueda autorizados para revisar cualquier lugar donde se sospechara podrían encontrarse los añorados textos. Se habló de grupos desestabilizadores, de estudiantes bromistas, sindicatos de bibliotecarios resentidos por sueldos precarios y jubilaciones retrasadas, e incluso, al final de la tarde se recurrió a la medieval, pero siempre dispuesta, teoría de la brujería.


Al día siguiente, a primerísimas horas de la mañana, se promulgó la ordenanza ESTILO (Edición suplementaria de textos icónicos y libros obligatorios) la cual decretaba a las compañías editoras e imprentas alrededor del mundo la reedición inmediata de aquellos escritos considerados necesarios y elementales para la educación y cultura de cada país. Se elaboró un listado por orden de importancia que daba prioridad a los siguientes textos:


1- Diccionarios y enciclopedias.

2- Textos médicos.

3- Textos históricos.

4- Textos religiosos.

5- Literatura griega antigua.


Así bien, al tercer día se reeditaron los primeros ejemplares de los libros considerados primordiales para la humanidad, y se procedió a suplir las bibliotecas ahora infectadas por el vacío, al llegar la noche los medios anunciaron la exitosa labor de rehabilitación bibliotecaria, y el acto de reinauguración que se llevaría a cabo al día siguiente en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua Española a las diez de la mañana, entrada libre, presidido por su presidente Dani Trío, quien daría unas palabras e instaría a  retomar el clásico hábito de la lectura. Al día siguiente, medios de comunicación, literatos y curiosos colmaron los espacios de la biblioteca, el acto empezó a las 10:21 con las palabras de agradecimiento por parte del licenciado Trío a todos los participantes en el proceso de reimpresión y reactivación de las bibliotecas, y sin mucho preámbulo procedió a tomar un tomo del Popol Vuh, en el cual tenía estipulado leer un fragmento de la tercera parte donde se narra la confusión del lenguaje de las tribus, provocando así su dispersión, hoja señalada con una cinta roja a manera de marcador. Dani Trío miró fijamente la página 138, luego levantó la mirada y observó a todos los asistentes, quienes horrorizados dejaban escapar gemidos de asombro ante sus manos que mostraban las hojas completamente en blanco del libro.


Al quinto día, ante la confusión mundial, se ordenó una segunda impresión de los libros y su disposición en las bibliotecas, pero esta vez serían estrictamente vigiladas durante la noche para determinar qué extraño factor influía en la desaparición del signo lingüístico, así pues, se le ordenó a los encargados de seguridad relevarse cada hora, con su respectiva verificación del estado de los libros  e informe de la misma, pero fue en vano, esa noche una epidemia de sueño embriagó a los vigilantes, quienes cayeron ante un sopor profundo, y no despertaron sino hasta la mañana siguiente. Un fenómeno sin explicación, un hecho terrorífico, una irregularidad sospechosa, lo que era un mal augurio para unos, era una provocación o ataque terrorista para otros, lo cierto era que la literatura parecía empeñada en desaparecer.


Al sexto día fue la prensa, las máquinas impresoras del periódico invertían las letras en sus textos, tirajes y tirajes de prensa fueron malgastados y arrojados a la basura, al presentar titulares que anunciaban algo parecido a “EXRATAÑ PARIDEOCISN ED IBORSL”. Pasaron los días y la resignación ante la desaparición de la palabra escrita se empezaba a asentar en el colectivo, algunas imprentas más optimistas que otras reimprimieron una y otra vez los añorados libros, incluso se manuscribieron, pero era inútil, durante la noche su contenido desaparecía, una empresa organizó grupos de lectura nocturnos para determinar qué factor influía en la supresión de los textos, sólo para encontrar que durante la noche todos los lectores caían rendidos en un sueño profundo, y a la mañana siguiente los libros sólo narraban vacíos.


Se acordó entonces una sencilla solución, si no se podían preservar los libros en físico, se preservarían a través de lo que estaban hechos, la palabra. Se procedió a reclutar un ejército de escritores, historiadores y aficionados a la lectura para su uso como rapsodas, de manera que, como en la antigua Grecia, narraran verbalmente las historias anteriormente contenida en los libros, o bien, fuesen utilizados como agentes de consulta gramátical o histórica. La idea funcionó bien, los recitadores contaban con buena demanda y los ciudadanos parecían verse atraídos nuevamente al sano hábito de la lectura, ahora hábito de la escucha. Pero un día Enrico Visconti, uno de los más célebres rapsodas romanos, se proponía a narrar los cantos pertenecientes al purgatorio de La Divina Comedia de Dante Alighieri en la Casa de las Vestales, ante una multitud ansiosa y hambrienta del poema épico, el elocuente rapsoda se sentó a orillas del estanque, cerró sus ojos y respiró profundo, su boca se abrió y arrojó con su tono de voz cálido y sereno el primer terceto del purgatorio:


“Por surcar mejor agua alza las velas

ahora la navecilla de mi ingenio,

que un mar tan cruel detrás de sí abandona”


Víctima del olvido, a Visconti lo invadió el silencio, no recordaba ni una palabra más del poema, nervioso trató de recordar otro canto perteneciente al infierno o al paraíso pero su memoria estaba en blanco, en un blanco aterrador como las páginas de los libros. El ahora fallido rapsoda pidió disculpas y caminó avergonzado entre la multitud, se detuvo frente a una de las estatuas de las vírgenes Vestales, la miró fijamente a los ojos, si se puede llamar ojos a la piedra tallada, y le pareció notar una sonrisa burlona en el rostro pétreo de la vírgen, Visconti comprendió entonces que había sido derrotado por la amnesia.


A partir de ese momento reinó el caos, la epidemia amnésica afectó a todos los rapsodas, quienes tuvieron que ser internados víctimas de la locura, la gente se resignó a prescindir de los libros, tanto hablados como escritos, y con la resignación llegó el olvido, primero fueron las comas, luego los puntos el mundo olvidó la puntuación luego fueron los acentos las notas que se escribian las cartas carecian de ritmo asi la gente olvido hacer cartas ya que resultaba muy confuso leerlas y por lo general despues terminaban con fuertes dolores de cabeza al tratar de descifrar su contenido la gente olvido tambien los numeros llegaban tarde al trabajo y a las citas romanticas puesto que no podian diferenciar entre el cinco y el dos o el seis y el nueve era comun ver entonces personas esperando desconcertadas en los restaurantes y parques puesto que tampoco podian recordar si habian quedado en verse en la calle cincuenta y dos con noventa y seis o en la veinticinco con sesenta y nueve asi llego la epidemia de la soledad puesto que nadie llegaba nunca a las citas la gente empezo a deambular victimas del olvido sentian la necesidad imperiosa de caminar invadidos por la tristeza de pensar que habian sido olvidados nadie quiere ser olvidado como a vanessa lamy que habia quedado en verse con su madre én el restaurante caran dache en la calle cartier de paris y nunca llego miedo escribio una nota y dejo sobre  mesa pero como muchas otras notas nunca fue recibida asi gente vagaba por calles sin saber a donde ir sin saber donde provenian el mundo torno silencioso puesto sus habitantes encontraban demasiado desconcertados vagando cuando vanessa releyo nota que habia escrito dio cuenta que letras salian desordenadas aterrorizada leyo que sus manos habian escrito por ultima vez amrde et pesree tsaha als isse ed al ardte unnac em tugso stae ohra opr avfro la nomse ne ñsoues

Por: Israel Rojas @apoloscopio

(Source: celluloidfire)

(Source: pwincessclub)

Luces Negras (2009) - Dir: Samuel Kishi.

Luces Negras es un cortometraje del mexicano Samuel Kishi, premiado como Mejor Cortometraje en el III Festival de Cine de Cancún Riviera Maya en el año 2009. Su realizador obtendría también en el 2011 el Premio Ariel al Mejor Cortometraje por Mari Pepa y participaría en la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes 2011.

Los encuadres y colores de Luces Negras, así como las escenas del autobús, me recordaron mucho al trabajo de Xavier Dolan en J’ai tué ma mère, también encontré cierta nostalgia y soledad a lo Wong Kar-Wai en Fallens Angels, con su fijación por los anuncios luminosos, el uso de establecimientos comerciales como escenario, los personajes que sigilosamente se buscan para encontrarse en el asiento trasero de un taxi, y la música, a cargo de los fantásticos Marlango.

Hoy, cuando irse del país se pinta como una de las opciones más tentativas, es bueno recordar lo difícil que es ser extranjero, empezar desde cero, no hablar un idioma, acostumbrarse a una nueva cultura y extrañar, o acostumbrarse a extrañar. El cine es mi mejor consejero y mi más fiel confidente, cuando un gobierno decida quitármelo, y espero que este no se atreva a hacerlo, estaré seguro que debo marcharme.

J’ai tué ma mère (2009) - Dir: Xavier Dolan.

¿Qué decir de J’ai tué ma mère? Se puede resumir en:

Hubert Minel: What would you do if I died today? 
Chantale: I’d die tomorrow. 

Fallen Angels “Duo luo tian shi” (1995) - Dir. Wong Kar-Wai.

La nostalgia de Wong Kar-Wai es mi favorita entre todas las nostalgias.

philmfotos:

Midnight Cowboy (1969)
Posted by: @Moloknee

Y esto es sólo una muestra de lo que van a conseguir en este, el mejor tumblr sobre cine que he visto.

philmfotos:

Midnight Cowboy (1969)

Posted by: @Moloknee

Y esto es sólo una muestra de lo que van a conseguir en este, el mejor tumblr sobre cine que he visto.

Maggie & Monia

Bela Lugosi’s Dead

Bela Lugosi’s Dead

(Source: eloquentdecadence)

(Source: lafemmetoday)